Internet o el gran baño público

Con la llegada masiva de internet a los hogares, se dio rápidamente un fenómeno que, como todos los fenómenos tiene varias caras para examinar. Me refiero a la libre expresión, el frenesí opinólogo que causa estragos en las redes sociales y que, en ocasiones, sirve como medida para entender cuan enferma o viciada está un montón de personas.

Desde que se abrió al público, el panóptico de internet (me refiero facebook) ofrece con facilidad extrema un espacio de opinión que, prevengo, no pienso que no todos deban tener pero que, al ser tan fácil y expedito, hace que se subvalore y atienda a la importancia de la comunicación.

El paso de las cámaras con rollo a las cámaras digitales que en los últimos años han descendido mucho de precio hizo que los registros visuales de las familias, las personas normales que no se dedican profesionalmente a fotografiar, dejaran de ser el intento naif y bien intencionado de sacar 36 fotos sin equivocarse ni cruzar el dedo en el lente (dedo que veíamos varias semanas después, al revelar las fotos) y se convirtieran en la expresión máxima de la desechabilidad que caracteriza a este tiempo (que, por cierto, trae subyacente una cuota no menor de intolerancia al fracaso), por medio de la masificación, de las imágenes. Tarjetas MicroSD que almacenan más de 700 imágenes que se pueden borrar a un segundo de haberlas capturado obviamente hacen que el valor de las retenciones gráficas se reduzca al mínimo.

Situación similar siento que ocurre con la generación de contenidos en internet: es tan masivo, que se vuelve vulgar y, algo que pudo ser positivo, se vuelve de pronto en un fenómeno triste, repleto de opiniones vanas, frágiles, destruíbles desde el punto de vista argumental o cualquier otro. Frente a esto, podría alguien reclamar en el sentido de que la libertad de opinar y expresarse es algo que no puede limitarse pero… ¿Realmente no puede limitarse?

Pienso que a todas las personas se les debe respetar por el hecho de ser seres humanos, la tolerancia entre los individuos de la especie sin lugar a dudas es una actitud que ha de ser tan inherente, que no consigo siquiera considerarla una virtud. Pero, ¿Las ideas son susceptibles de ser tan toleradas?
Las ideas, para ser inicialmente respetadas deben, por sobre todo, mantener una lógica y coherencia consigo mismas y se vuelven más válidas y tolerables aun cuando tienen sentido y aplicabilidad en la realidad, es decir, calzan con esta y sirven para entender el entorno o comunicar algún mensaje cierto. A este punto es donde quiero llegar: internet se ha vuelto el baño público mundial, donde algunas mentes brillantes comparten sus ideas, algunos pretendemos compartir alguna propuesta (con mayor o menor humildad, claro) pero hay una gran mayoría que utiliza internet para la más triste función que podría tener el muro de un baño: rayados incoherentes, frases incompletas, balbuceos, ideas erráticas, rayones carentes de toda lógica, ruido visual (textual, en este caso) que hace dudar de qué tan positiva sea la libertad de opinión que hace posible la herramienta.

Se me ocurren algunas ideas que, claro, todas cuentan con motivos para fracasar pero que, al menos a mí, me harían sentir un poco más tranquilo de saber que no estoy expuesto a llenar mi vista de alcornoque conceptual como, por ejemplo, crear redes sociales selectivas o eliminar el anonimato en la red… sin embargo, todas esas ideas padecen el mismo problema: me convierten en un platónico lamentable, en un fatal creyente de las sociedades de casta (claro que, en vez de castas sanguineas, serían élites de pensamiento en las que no operaría la calidad económica de los miembros. Esta situación puede ser contra argumentada arguyendo algo que está a la vista: la coherencia y calidad de las ideas guarda proporción directa con cuan mejor está socioeconómicamente el emisor de éstas, así que aunque el plan fuese que no haya una sociedad de castas, en gran medida si la habría de forma tácita) o un clasista recalcitrante y, muy a mi pesar, quizá sí lo sea. A lo mejor, en gran medida, soy un tonto grave por frustrarme al ver como hay quienes despilfarran la libertad de expresión que permite internet con bromas racistas, despectivas, discriminatorias o, tal vez, sólo un poco absurdas.

Por lo pronto, queda para nosotros, hacer el esfuerzo por no atender a las torrenciales avalanchas de vanidad reprochable, banalidad prescindible y la creciente suma de contenidos innecesarios y buscar (rebuscar) cosas interesantes y que sirvan a cultivar el pensamiento crítico. No quiero que haya jamás un consejo nacional que vigile y censure el contenido en internet, pero tengo el cierto, quizá ingenuo, pero honesto deseo de que en internet (que no es más que una proyección de la realidad, no un mundo distinto) deje de ser necesario habitar en ghettos de opinión y vivamos en una sociedad más culta y con ideas más respetables.

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1 Comentario

  1. Alex Solar

    Estimado Camilo, creo que tu análisis coincide con las ideas centrales del famoso gurú tecnológico Jaron Lanier, que en su obra “Contra el rebaño digital”advierte de las perversiones o peligros de Internet, una red desinformada, tediosa, y lo que es peor , tóxica, donde se acallan agresivamente las ideas y se impone el neofascismo, el falso humor negro y otras lindezas. En España, desde donde te escribo, se están dando pasos para limitar la acción de esas redes y grupos que las alimentan. No es censura, es que todos los seres humanos somos en principio respetables, pero no lo son todas las ideas o expresiones.

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