Recuerdo un verano, debe haber sido el año 1999 ó 2000, hace poco había aprendido a programar cositas muy básicas en QuickBasic (que venía en el disco de W95, ya como abandonware xD) y la casualidad de que me encontré un libro en una biblioteca en que se mencionaban sistemas de cifrados. Simplemente, aluciné. El sistema más fácil e imaginable (no por eso menos útil e importante) que recuerdo es el sistema de Julio César, que consistía en desplazar las letras en un determinado número que sólo el receptor sabía. Ejemplo, con desplace de 1, para escribir HOLA, uno escribía IPMB. Aparecían otros sistemas más, que no recuerdo bien, pero lo que sí recuerdo es que aluciné con el asunto de la encriptación de mensajes.

Ciertamente, cuando uno tiene trece o catorce años no tiene mucho que ocultar y, por lo general un protogeek noventero chileno y de bajos recursos no estaría en contacto de amiguetes que quisieran jugar a cifrar mensajes, sin embargo, eso no me detuvo y, aun siendo consciente de la inutilidad que significaba, creé mi propio sistema de encriptación. Tiene algunas fallas, sin duda, pero no lo encuentro tan malo :-). Es un sistema de reordenamiento aparentemente aleatorio de letras que servía para encriptar mensajes de 25 caracteres. Funcionaba del siguiente modo:

 1 14  6  15  11
16 4 17  9 18
 2 19  7 20  12
21  5  22  10  23
 3 24  8 25  13

¿¡Que qué!? En la tabla de arriba, los números indican la posición de donde deberían ir las letras. Un ejemplo práctico, para encriptar el mensaje: “sitio cvillavicencio.com!!” se tendría que hacer así:

s c c e a
n o c l i
i o v . v
c o l m
t ! i ! i

La idea es que después el mensaje se expresara de este modo: scceanocliiov.vc olmt!i!i. Tan disparatada expresión no diría nada para quien la viera y no conociera el sistema (en este caso, esto significa, todo el resto de la humanidad). El fracaso de la popularización de mi sistema, en todo caso, no me sorprende ya que nunca lo divulgué demasiado, en caso de haber intentado divulgarlo nadie me habría pescado y, además, no era necesario en ese momento entre las personas a las que se lo habría divulgado.

Hay muchísimos sistemas de encriptación de mensajes, con respecto a la informática, ni hablar, es un tema tan complejo y profundo que no osaría mencionarlo siquiera… además, que me atrae mucho más la encriptación por vías manuales.

El asunto este del que estoy escribiendo en esta ocasión, podrá ser interesante para algún ávido lector de contenidos que incitan la procastinación, sin embargo, ya te habrás dado cuenta (sí, a tí te hablo, alfeñique) que los mensajes cifrados padecen de algo fatal: se nota que están cifrados, así que para un eventual espía de nuestras comunicaciones ultrasecretas, será suficiente escuchar algo raro para saber que hay algo escondiéndose. Es hora, entonces, de acudir a una práctica más interesante aun (¡sí, más aun!): la esteganografía, que consiste en el ocultamiento de la existencia de mensajes ocultos. Para esta práctica hay que acudir a técnicas un poco más elaboradas que el simple reemplazo o desorden del mensaje a cifrar. Una forma súper simple de ocultar un mensaje, usando esteganografía es el siguiente: crear una oración en que los sustantivos comienzen con cada sílaba de la palabra a cifrar (obviando los hilativos, que sirven de excipiente para ocultar que se oculta otro mensaje), ejemplo: ZAPATO –> ZApallo en la PArrilla con TOmate. Otros mecanismos más entretenidos podrían ser escribir en una hoja un mensaje con tinta normal y, entre las líneas escribir el mensaje oculto con jugo de limón. Quien lleve la carta a un destinatario podrá leer una cosa, pero quien la reciba, podrá leer otro mensaje luego de poner la hoja al calor del fuego unos segundos (el jugo de limón se quema antes que el papel, por eso ocurre este fenómeno).

Sin duda que los medios de cifrar y ocultar cifrados que he mencionado son sólo una pequeña muestra de las posibilidades. Tampoco caben muchas dudas que estos sistemas cobrarían especial importancia en caso de que una circunstancia a nivel nacional o mundial pusiera en riesgo la libertad de expresión y la integridad de quienes se expresen. Es demasiada soberbia imaginar que algo así no ocurrirá en algún momento, es por eso que he escrito este artículo, para compartir sobre esta interesante herramienta que cualquier persona puede usar cuando sea necesario. Por último ¿Quién podría asegurar que entre estas líneas no está oculto algún mensaje más?