Proyecto 4gram

Hace unos meses inicié un proyecto sin objetivo alguno en Telegram que lleva por nombre 4gram. La alusión, para los conocedores, es clara. Para los que no, les cuento. Existen en internet un tipo de páginas que se llaman imageboards, que son una especie de foro en el que los usuarios suben una imagen acompañada de un texto, al que el resto de los visitantes pueden dejar comentarios. La particularidad de estos sitios es que a los participantes no se les solicita que firmen sus comentarios, creando un ambiente en general de soltura mayor que lo acostumbrado, pues el anonimato hace perder la vergüenza (un lamentable fenómeno del que podríamos conversar largamente). Uno de los imageboards más populares y concurridos en occidente (porque existen muchos en Japón, principalmente) se llama 4chan. Entonces, como el plan era hacer algo similar, pero en formato chat, no me tomé mucho tiempo en pensar algo más y cambié chan (de CHANnel) por gram (de teleGRAM).

Pues bien, entonces, la idea ya estaba armada: hacer un chat en el que se pudiera chatear anónimamente. Me serví de una función que tiene Telegram: los canales. Los canales son similares a los grupos, pero en éstos solo una persona (el creador del canal) puede publicar, mientras que el resto de los participantes solo lee lo enviado. Son ideales para servicios, por ejemplo, meteorológicos, chistes diarios, noticias, etc. Las personas que sigan el canal no sabrán la identidad del creador sino que verán que los mensajes fueron enviados por el canal. El creador, a su vez, puede agregar más administradores que podrán publicar al igual que él (y, también sin firmar).

Como se aprecia, no existe un “anónimo 1”, “anónimo 2”, etc. Sino que todos son uno mismo y podría parecer la conversación de alguien con personalidad múltiple hablando consigo mismo.

Teniendo en cuenta todo esto, lo único que hice fue invitar a personas a que se unieran al canal y convertirlas en administradores. Ahora todos los que estuvieran, podrían conversar entre sí de forma anónima pero no solo anónima en el sentido de que no se sabrían los nombres de los autores de los mensajes, sino en un estado de meta-anonimato, en que tampoco existe individualidad.

Hasta el momento, no he logrado explicarme qué fue lo que me motivó a hacer esta suerte de experimento social. Imagino que es una de las vetas del ocio en internet, que se apoderó de mi en un momento y me invitó a hacer algo sin más impulso que la curiosidad de ver qué cosas pueden pasar en un ambiente en que nadie es nadie, porque todos son todos.

Experiencias. Varias personas han pasado por el canal y luego lo han abandonado. Muchos, aprovechando que el anonimato lo permitía, enviaron imágenes pornográficas o de violencia que, la verdad, provocaron el rechazo y posterior hastío de varios. Hubo un par de días, en que esporádicamente y sin aviso activé (porque solo el creador puede) las firmas de los mensajes, dejando al descubierto a quienes enviaban contenido que nadie quería ver. Actualmente, entre todos se lleva una conversación más o menos coherente aveces, que de vez en cuando es interrumpida por insultos de alguien más. Insultos usualmente ignorados y que, podrían haber sido enviados por la misma persona hacia quien van dirigidos.

Algunos participantes han elaborado profundas reflexiones sobre esta muestra al azar de lo que sería un sistema anárquico (siempre con pesimistas conclusiones), otros menos divagantes, manifiestan rechazo por un proyecto que, tal como mencioné al comienzo, no tiene objetivo alguno. Hace unos días fuimos testigos silentes de una transacción de marihuana que, al parecer, se concretó… aunque también podría haber sido una sola persona simulando venderse a sí mismo. Es un espacio raro, una especie de evolución deforme de la comunicación. Me aventuro y pienso que quizá, descubrí por casualidad la tendencia que seguirán las redes sociales en adelante, de deshumanizar y desindividualizar más a los participantes, volviéndolos a todos uno solo, como un rebaño informe o una costra ambulante de ideas difusas y equívocas. También, podría ser esta una forma de resistencia a la sobreidentificación y quiebre de la posibilidad de anonimato y doble vida que las redes sociales tratan de instalar, al ofrecer soluciones personalizadas a cada uno de sus participantes (porque para eso, primero tiene que identificarlos e individualizarlos). Finalmente (y lo más probable), es una de las tanta cosas que ocurren en internet y tal como la caída de una hoja seca o un imperceptible sismo grado 1, pasará inadvertida, no cambiará nada ni permanecerá en la memoria de nadie.

Invito a quien tenga ganas de hacer lo que hice, a que replique el modelo. Es muy sencillo y los resultados pueden ser sorprendentes si se reúne a la gente adecuada.

 

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