Hace unos días (4) publiqué en mi cuenta de facebook* un link a un artículo que apareció en lignux.com que llevaba por título “Facebook: el fin de la privacidad”, estuve pataneando un rato más y cerré mi sesión. Hoy vuelvo a entrar y me encuentro con lo siguiente:

Tal cual. Sentí por un momento el razonable sentimiento de perseguimiento de que “uh, al parecer sí hay alguien poniendo ojo a las cosas que publico…”. Tengo menos de treinta contactos y, la verdad, dudo mucho que alguno de ellos haya denunciado esto como spam. Es más, dudo que a muchos les haya llegado el link que puse y de esos pocos, que alguno haya puesto “esto es spam” me parece al menos inverosímil. Como mucho, lo habrán ignorado.

El estupor se potenció al encontrarme con que, además de haberme borrado una publicación, facebook se atribuyó la facultad de suplantarme a mí mismo frente a ellos apelando por la eliminación de contenido y, ellos, con gran bondad accedieron a la petición que nunca realicé.

La inconsistencia es tal, que nisiquiera en el historial de actividades figura mi solicitud:

Intentaré poner el link en facebook a esta entrada, espero que no sea borrada (y luego restaurada, en virtud de una petición que no realicé). Me da un poco de pena que una herramienta que podría ser super buena esté controlada por las ansias infinitas de controlar, manipular y condicionar al big data siguiendo la inercia. Tal vez aun estamos a tiempo de retomar las redes sociales en que lo único que interceden son sus usuarios.