Creo no equivocarme al dar por hecho que todos coincidimos en apreciar la calidad de un actor por cuan creíble resulte su personaje, cuan inmerso esté en él, al punto que se pierda la frontera entre el humano que actúa y el personaje que está siendo interpretado.

Pienso que hemos estado equivocados mucho tiempo. La individualidad es la condición más inherente al ser humano, la representación de una persona distinta al ser tan fiel, tan perfecta, tan invisibilizadora del interprete, aun cuando virtuosa, por supuesto, nos priva de ser espectadores de un espectáculo mucho más interesante: un actor malo. Un interprete en el que se logra distinguir su reacción y la de su personaje que, en todo los casos, convive con él. ¿Porqué rechazamos a los exagerados? Los bufones confundidos son el mejor espectáculo que podríamos esperar, son los verdaderos buenos actores. El resto son imitadores.

Algunos humoristas logran alcanzar ese estado de estar siendo un humano revestido por el remedo de otro. Imagino que de esto proviene mi inherente rechazo al standup, porque sigo viendo a un individuo representándose… y no una persona cargar con varias máscaras a la vez, padeciendo de forma ritual para nuestra tribu, la pesada carga de que, para ser escuchados tienen que negarse a sí mismos y exhibirnos esa lucha.

En la imagen se aprecia a Daniel Alcaíno disfrazado de un personaje que se está disfrazando de preso. Ese doble fondo del personaje es a lo que me refiero, sin embargo, el personaje base no es el humano mismo. A la reacción de Daniel Alcaíno no accedemos. Está actuando de otro ser vivo distinto a sí. Sin embargo, ese ser, el personaje base (Yerko Puchento), es absurdo e incompleto.

Diego Capusotto tiene un montón de personajes completamente absurdos y sobrecaracterizados. En ocasiones se logra ver su propio asombro con el ser que está interpretando, fragmentos de segundos en que, en los ojos del actor, podemos distinguir sorpresa y sentimientos propios respecto de lo que está haciendo.

¿Esa incomodidad, ese desequilibrio, esa dificultad no es acaso la que deberíamos valorar? Después de todo, ser una persona es algo que todos sabemos hacer, así que representarse mentalmente la idea de ser otra no es tan tan complicado, después de todo, es otro individuo haciendo lo mismo que hacemos nosotros: ser una persona… y eso no es tan dificil.